Rojo, amarillo, azul, pintaban el lienzo colgado en la pared quebradiza. Las manos que sostenían la paleta aparentaban cierta edad, más allá de la juventud. En el estrecho corredor atravesaba una cálida corriente de una sombra. Aquellos murmullos que acompañaban la noche y se dejaban caer junto a los lienzos pasados decían. La luna roja imponente iluminaba la oscuridad. De la noche donde los antepasados habían decidido regresar, reclamando lo que era suyo.
El cementerio olvidado por los pobladores de esa región se pintaba en la obra inacabada, los pinceles rápidos y lentos se desenvolvían en tonalidades oscuras. El pintor con su mano temblorosa sostenía una copa, mezclando los restos de vino tinto y agua, debía abundarle para finalizar la obra. En efecto, pintaba el lienzo con los ojos cerrados, nunca en su vida los había abierto, en ninguna ocasión esos ojos redondos se llenaron de paisajes. Dolor, estremecimiento, sentía en su espalda como cuchillos afilados al mezclar el oleo.
Pintaba su condena en esa tela tan fina, los rastros del oleo como cadenas marcando una sentencia. “La eterna codena”, y esas palabras se desenvolvían en su mente. La sala gran amueblada de estilo colonial se agitaba sin producir ningún sonido. Un cuadro en silencio. Un pintor ciego.
El arte oscuro en la punta del pincel gobernaba su ser.
[Escrito por Hikaru & M.C :D ]







3 luz-luces:
Me gusta mucho como escribis.También el genero cuentos.Volveré para leer el resto del blog.Besos.
Enorme mérito tenía tal pintor...
Pintar es otra forma de interrogar el sentido del ser. Así el color es un estallido como una metáfora, como un silencio.
Muy bueno...
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